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Así nació The Service Course Santa Fe

La manija de la puerta la reconozco con los ojos cerrados. Sé cómo es el piso de la entrada de la plaza, lo pisé muchas veces antes de que fuera The Service Course. Cuando volví a cruzar esa puerta, después de años, no sentí que estaba llegando a un lugar nuevo. Sentí que nunca me había ido.

Esta es la historia de la tienda de Santa Fe. 

Todo empezó mucho antes, arriba de una bicicleta con mi tío Samuel. Yo era becario en una hipotecaria, ahorré y me compré mi primera bici: unos doce mil pesos que en ese momento, para mi, fue un gran esfuerzo. Y con esa bici llegó todo lo demás: la libertad, la montaña, la naturaleza, una relación con el ciclismo que todavía no sabía que me iba a cambiar la vida.

Cuando busqué tiendas de ciclismo, no encontré casi nada. La atención que recibí no fue, para mí, la correcta. Y de ahí nació una idea que incubé en la universidad: People for Bikes (PFB).

Con el tiempo, llegó mi segunda bicicleta, y con ella un amor casi platónico por Specialized: la que considero la mejor marca, la mejor tecnología. Ahí encontré también la oportunidad de negocio. Y así, de una bici comprada con esfuerzo y una mala experiencia buscando ayuda, nació la primera tienda en la Roma.

Santa Fe fue la última casa que abrí bajo PFB. La abrí porque sentía que la zona carecía de algo: un entorno familiar, de comunidad, de verdadero servicio al ciclista. Ya había tiendas de bicicletas ahí, pero no como yo quería hacerlo: más personal, más real, más íntimo, más constante. Quería construir un espacio donde la gente se sintiera, de cierta forma, enamorada. Un lugar que invitara a quedarse. Como en cada tienda en la que he estado involucrado, la meta siempre ha sido la misma: que el ciclista se sintiera “como en casa”.

Llegaron los ciclistas de la zona, muy influenciados por el Desierto de los Leones. Era una tienda bonita, diseñada por un amigo arquitecto, con mucho de mi mano también, y con una cafetería adentro, en un espacio que siempre me pareció un poco oscuro, pero con mucha alma. Con el tiempo el proyecto evolucionó: mejores materiales, mejor layout, mejor inventario, mejor experiencia. Verla crecer así fue de lo más bonito de esa primera etapa.

Specialized se acercó en algún momento para que me integrara directamente a la marca, y eso implicaba vender las tiendas. Fue un momento de mucho orgullo y mucha emoción: la idea era aprender juntos, yo de ellos, ellos de mí, y tener un impacto más amplio en la industria siendo parte de una marca así de grande. También, estaba nervioso, claro. Uno toma esas decisiones con la información que tiene en el momento, y yo estuve muy contento de haberla tomado.

Vender no significó desaparecer. Seguí operando esas tiendas cinco años más, así que nunca me desprendí realmente de la comunidad ni del equipo. Pero es distinto cuando algo ya no es cien por ciento tuyo. Por un lado, una tranquilidad: ya no era yo quien tenía que preocuparse por la renta o los permisos. Por otro lado, ya no era mi negocio, sentimientos encontrados, pero era algo que sabía que iba a llegar con esa etapa.

Con el tiempo, la marca y yo nos fuimos por caminos distintos, y decidí salirme del proyecto.

Después de unos años, me uní al proyecto The Service Course. Specialized nos ofreció tomar la tienda de Santa Fe, y como sigo profundamente comprometido, enamorado con la marca, supe que era la oportunidad de regresar a un lugar donde sabía que tenía que estar.

La primera vez que volví a entrar como dueño, después de todos esos años, sentí que nunca me había ido. La tienda ahora está más linda de lo que estaba, y ahí seguía todo. Sé cómo se siente la manija de la puerta. Sé cómo se siente el piso de la entrada de la plaza. Son detalles que sonarán a tontería, pero son justo esas particularidades las que me hicieron sentir que había regresado a donde tenía que estar.

No sé si cambié tanto en estos años. Quizás soy un poco más paciente. Confío un poco más en mí y en los procesos.

The Service Course es la prueba de que se puede hacer negocio poniendo a la comunidad primero. Se trata de poner a la gente a rodar, hacerlos sentir bien, y todo lo bueno que viene después. Amamos lo que hacemos, amamos la bicicleta, y TSC es exactamente el reflejo de eso.

Lo que le puedo decir a quien pasa hoy al frente de la nueva tienda es que en The Service Course va a encontrar un espacio increíble, curado con los mejores productos para quien vive el ciclismo. Viene con eso una emoción genuina de ofrecerles lo que sabemos que es lo mejor, y todo lo necesario para acompañarlos a vivir la experiencia del ciclismo en sus distintas modalidades. Es, en el fondo, una casa de ciclismo para quien lo vive con pasión.

Espero que Santa Fe se convierta en lo que hoy es Polanco: un hub, un imán que una a todos los ciclistas de la zona. Un espacio con mucha alma, con intensidad e innovación constante, que genere lazos auténticos y buena onda en la vida de quienes lo visiten.

La tienda tiene, literal, mucha alma. Ahí están unas bicicletas chiquitas que compré hace quince años y que ahora recuperamos, guardando todo su sentido emocional. También está la bici de LEGO que armé con mi hija: es casi un altar para todos los ciclistas que entran. Metimos mucho amor y mucho cariño en pensar qué queríamos que este lugar representara: un espacio que todos sientan suyo, lleno de emoción, lleno de amor, un lugar para estar y disfrutar.

Alan Huber

 

 

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